Yendo a los comienzos del relato, a los comienzos de esos mismos recuerdos, a las raíces del comienzo de la vida de "Negrita", que así le llamaremos a la menor de las hijas de la familia nombrada... podremos encontrarnos con gran cantidad de historias de una época.
La llamaremos negrita con minúscula, porqué así era ella de pequeña y sencilla.
Su persona, su vida y su entorno eran así: con minúscula.
Pero sus sueños y su "vida paralela" ya se darán cuenta que llevarían una gran mayúscula y resaltada con colores brillantes.
Para comenzar me ubico en una reunión de gente mayor, todos familiares... así lo parecen.
Allí se mezclan, con distintos tonos, voces de mujeres de variadas edades... mientras que la radio , bajita... bajita, recita:
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" No son ciegos los que van por la vida, sin la luz que le niega el señor. Ciegos son los que cierran sus ojos, a la paz, a la vida, al amor"...
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No se porqué, siempre en esas reuniones como fondo estaba la radio y todas las tardes mientras comenzaban a coser.... junto con su charla arrancaba la novela .
Creo que nombraban a un tal Héctor Chiappe...
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Pero volviendo al lugar de los hechos...
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El lugar era una cocina espaciosa, parecida a una cocina de campo... con gran estilo propio. Era una de las llamadas cocinas económicas. Mucho hierro y mucho bronce.
La cocina en si estaba llena de verdadero arte y magia... con puertitas diminutas con pomitos de bronce bruñido con los cuales se podrían abrir y cerrar y espiar... el fuego?...
No se, porque no se ve muy bien... pero son varias y muy bonitas.
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El piso? Tampoco sé... tal vez de vergüenza por lo visto y por lo oído era de un intenso color rojo, bien subido.
Siempre lo recordaré bien lustroso, brillante, con olor a lavandina y legía.
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La mesa?
Grande! Importante! Octogonal y oscura. Con un pie bien gordote en el centro que le daba solidez a su estructura.
Buenísima la mesa de trabajo!
Buah!... de trabajo a esa hora, porque al mediodía y a la noche, se transformaba (con su mantel de algodón y los platos de loza acompañando a lo que se escondía en el recipiente central ...guisos, pucheros, lentejas, pollos con papas... jummm...) en la mesa donde compartíamos los alimentos.
Allí se volvía el centro de la atención del grupo familiar. Allí toda la familia, y si había invitados también, compartían el almuerzo y la cena.
El almuerzo y la cena era un gran ritual en esos días de los años 47, más o menos.
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En el almuerzo, la comida más fuerte, generalmente se ofrecía una comida única y muy sustentosa.
Podía ser un puchero completísimo, a base de carnes, verduras, papas, batatas, zapallo, zanahoras y a veces se le encontraban garbanzos, porotos, arvejas, etc.
Y por la noche se le agregaba a el caldo un puñado de arroz o de fideos y se tomaba una riquísima sopa y con lo que había quedado de carne y demás se la transformaba en salpicón o la llamada ropa vieja, que era saltear junto con unos huevos revueltos y humm... riquísimo!
Con mucha sencillez y con alegría , se festejaba diariamente la "unidad de la familia". Cosa tan importante y maravillosa que hoy en día se ha dejado de lado.
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Pero volvamos, si es posible al centro de la escena... esas mujeres cuchicheando... con muchos...:
-"¿Te acordás aún...?"
-"¡Pobecita..! ¡Cuánto dolorrr...!"
-"¡Cómo pudiste olvidar tanto dolor?"
-"O es que noooo?..."
- Y bla bla bla bla y bla...
*
Nadie se fijó que quietecita, aguantando la respiración, esuchando la radio y sus chimentos, estaba la "negrita".
Ella intuía que era algo importante y un gran secreto "eso" que parloteaban las mujeres de la familia junto con su madre. Ella estaba en el centro y alrededor sus tías, todas ensimisas en sus agujas y sus decires...
Calla negrita!!! Calla!!!
Quieta.. quietita... quieta. Que nadie sepa que tu oíste todo. Que nadie sepa que sin saber tú sabes que horror comentan.
Se anidó la gran tristeza en el alma y el silencio encapsuló en su inteior lo oído. En ese preciso momento la negrita perdió por lo oído gran parte de su inocencia... porque ella entendió más por los tonos que por el conteniodo...
Qué haces???
Pará negrita pará!!!
Pero la niña no escuchó la voz de alerta de su sentido común.
La negrita bajo la mesa, como "sinquererqueriendo" ... tomó un trozo de plástico de su juguete y dejó que cayera en el brasero en el que calentaban sus pies las costureras....
Entonces...
¡Zaz!!! Fluuuoooo!!! Ay!!! Ay!!! Fuuuueeegoooooooo!!!!
El fuego dispersó a las charlatanas, entre gritos y trapear al brasero ... se olvidaron de su coloquial "chusmerío". Y negrita logró lo que quería... terminar con aquello...
¡Cuánto le dolía!!!
*
Las mujeres espantadas alcanzaron a ver a la niña y también emprendieron contra ella:
-"Fuera! ¡Fuera! ¡Mocosa atrevida y metida!!!
-"Qué te pensás que estás haciendo?"""
Y así terminó los tiempos de espía y de Mata Hari de la negrita!
¡Pobrecita la negrita!...






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